Es sólo un efecto de perspectiva, o de tiempo narrativo, el que impide reconocer en esta distracción, en esta desviación constante de la voluntad de los personajes, la más común y corriente de las tragedias humanas: aquella por la que la que uno mismo se pierde dentro de su propia vida. Levrero hablaba a este propósito de "la eterna postergación de si mismo", y reconocía en la escritura la única vía mediante la cual resistirse a ello.
Cualquier lector es capaz de recordar, aquí y ahora, algo que en su día se propuso muy intensamente hacer - escribir de una vez a un amigo, volver a ese lugar tan querido, leer por fin aquel libro, ser feliz o, simplemente, ser mejor - y que sin embargo, por razones a menudo inexplicables, ha sido incapaz de cumplir. He aquí lo verdaderamente fantástico: que uno pueda consumir su vida sin llegar a hacer aquello tan sencillo que se había propuesto: una llamada, colgar por fin aquel cuadro.
I. Echeverría: Prólogo a La Ciudad
Cualquier lector es capaz de recordar, aquí y ahora, algo que en su día se propuso muy intensamente hacer - escribir de una vez a un amigo, volver a ese lugar tan querido, leer por fin aquel libro, ser feliz o, simplemente, ser mejor - y que sin embargo, por razones a menudo inexplicables, ha sido incapaz de cumplir. He aquí lo verdaderamente fantástico: que uno pueda consumir su vida sin llegar a hacer aquello tan sencillo que se había propuesto: una llamada, colgar por fin aquel cuadro.
I. Echeverría: Prólogo a La Ciudad
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