jueves, 31 de diciembre de 2009

Ablandar

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Hamacas

: ducha, dientes, baño, toalla, diario, mate, gato, puerta, y después, la mañana.

Sale de la ducha. Se sienta en la cama. La ve dormir. Apenas se le ve la cara. Su pelo le cubre la mayor parte. Se toma ese minuto que vale el día; justo antes de que éste pierda todo valor.

Su respiración mueve, apenas, unos pocos pelos que caen desde su sien hacia su boca. El movimiento apenas se nota pero él, la mirada clavada, los ojos sin pestañar, sabe de su vaivén, conoce de su ir y venir, del calor que el aire que sale por entre sus dientes deja en esos pocos pelos, de la humedad, de las pequeñas pequeñísimas gotas que cada exhalación deja en esos dos o tres pelos sueltos y que cada nueva bocanada no retira. Tal vez todo lo imagine, incluso esto.

En el desmadre que es su vida (y que, llamativamente, sólo él reconoce) ella es lo único que sonríe. La luz de la calle, la del farol que a mitad de cuadra intenta y fracasa día tras día iluminar la cuadra entera, esa luz no la toca. Se acomoda un poco en la cama. Su olor le llega. Ella es, sin duda, su olor. Sabe lo que significa extrañar olores y se sabe perdido.

Un sí hubiese bastado. Pero no; esa no fue la respuesta.

Ella es por lo que se levanta cada día. Esta es la última noche que duerme con él.

martes, 29 de diciembre de 2009

Ultima

Con la lluvia, llegó el otoño, y con el otoño, el tiempo del vino.

J. J. Saer: La Grande.

sábado, 26 de diciembre de 2009

Mil razones para ser Harry


Harry: I've been doing a lot of thinking. And the thing is, I love you.

Sally: What?

Harry: I love you.

Sally: How do you expect me to respond to this?

Harry: How about you love me too?

Sally: How about I'm leaving.

Harry: Doesn't what I said mean anything to you?

Sally: I'm sorry Harry, I know it's New Years Eve, I know you're feeling lonely, but you just can't show up here, tell me you love me and expect that to make everything alright. It doesn't work this way.

Harry: Well how does it work?

Sally: I don't know but not this way.

Harry: Well how about this way. I love that you get cold when it's twenty two degrees out, I love that it takes you an hour and a half to order a sandwich, I love that you get a little crinkle above your nose when you're looking at me like I'm nuts, I love that after I spend a day with you I can still smell your perfume on my clothes and I love that you are the last person I want to talk to before I go to sleep at night. And it's not because I'm lonely, and it's not because it's New Years Eve. I came here tonight because when you realise you want to spend the rest of your life with somebody, you want the rest of the life to start as soon as possible.

Sally: You see, that is just like you Harry. You say things like that and you make it impossible for me to hate you. And I hate you Harry... I really hate you. I hate you.


They kiss and make up.


N. Ephron, When Harry met Sally (1989)



Mil razones para no ser Rick

Ilsa - But why my name, Richard?
Rick - Because you're getting on that plane.
Ilsa (confused) - I don't understand. What about you?
Rick - I'm staying here with him 'til the plane gets safely away.

Ilsa - No, Richard, no. What has happened to you? Last night we said.
Rick - Last night we said a great many things. You said I was to do the thinking for both of us. Well, I've done a lot of it since then and it all adds up to one thing. You're getting on that plane with Victor where you belongs.
Ilsa - (protesting) But Richard, no, I, I...
Rick - You've got to listen to me. Do you have any idea what you'd have to look forward to if you stayed here? Nine chances out of ten we'd both wind up in a concentration camp. Isn't that true, Louis?

Renault - I'm afraid Major Strasser would insist.

Ilsa - You're saying this only to make me go
Rick - I´m saying it because it's true. Inside of us we both know you belong with Victor. You're part of his work, the thing that keeps him going. If that plane leaves the ground and you're not with him, you'll regret it.
Ilsa - No.
Rick - Maybe not today, maybe not tomorrow, but soon, and for the rest of your life.
Ilsa - But what about us?
Rick - We´ll always have Paris. We didn't have, we'd lost it, until you came to Casablanca. We got it back last night.
Ilsa - And I said I would ne
ver leave you.
Rick - And you never will. But I've got a job to do, too. Where I'm going you can't follow. What I've got to do you can't be any part of. Ilsa, I'm no good at being noble, but it doesn't take much to see that the problems of three little people don't amount to a hill of beans in this crazy world. Someday you'll understand that. Now, now...

Ilsa eyes well up with tears. Rick puts his hand to her chin and raises her face to meet his own.

Rick - Here´s looking at you, kid.

J. J. Epstein, P.G. Epstein and H. Kock, Casablanca (1942)







viernes, 25 de diciembre de 2009

Hamacas

Soñó en francés. Una vez más. Cada vez lo hace más seguido. No conoce el idioma, sólo algunas palabras. Sin embargo, con certeza, sabe que sueña en francés. Los días que lo hace, como éste, se despierta antes y lo hace triste. Un desasosiego parejo lo abraza. No entiende el motivo; del sueño sólo recuerda un idioma que no entiende pero reconoce. En ciertas ocasiones se tiene que levantar casi corriendo para que no lo vean llorar. Apenas se despierta, en ese instante inicial y blanco, sabe que lo hizo otra vez: que soñó en francés. Unos segundos después, con la misma certeza anterior, sabe (pese a que no lo recuerda) que en el sueño se habló de su vida. Y sabe que nada bueno puede resultar de eso.

Mientras prende la ducha se pregunta, como cada mañana después de soñar en francés, si todos los ahorcados esperan que la soga se rompa. Él, por lo menos él, así lo hace. En vano, se contesta; aunque en el fondo no se cree. Todo ahorcado merece una soga rota. Aunque sea una vez.

La ducha en la cara lo introduce en la vida. A él soñar no le hace bien; y menos en francés.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Chiquita



sueñas el príncipe azul
nena chiquita eres tú,
luna de queso tendrás
¿dónde la luna saldrá?

suenan las doce y tendrás
zapatitos de cristal
príncipe azul ya vendrá
ratoncitos lo traerán

cuando despiertes del sueño
ya no tendrá luna el cielo
debes buscar ese verso...

sigue tu sueño mejor
bosque encantado tendrás
junto al conejo Tambor
y las blancas ardillas

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Camino

Es sólo un efecto de perspectiva, o de tiempo narrativo, el que impide reconocer en esta distracción, en esta desviación constante de la voluntad de los personajes, la más común y corriente de las tragedias humanas: aquella por la que la que uno mismo se pierde dentro de su propia vida. Levrero hablaba a este propósito de "la eterna postergación de si mismo", y reconocía en la escritura la única vía mediante la cual resistirse a ello.
Cualquier lector es capaz de recordar, aquí y ahora, algo que en su día se propuso muy intensamente hacer - escribir de una vez a un amigo, volver a ese lugar tan querido, leer por fin aquel libro, ser feliz o, simplemente, ser mejor - y que sin embargo, por razones a menudo inexplicables, ha sido incapaz de cumplir. He aquí lo verdaderamente fantástico: que uno pueda consumir su vida sin llegar a hacer aquello tan sencillo que se había propuesto: una llamada, colgar por fin aquel cuadro.

I. Echeverría: Prólogo a La Ciudad

lunes, 21 de diciembre de 2009

Princesa

El día es desencanto y delirio. Sombras de colores, con su volumen, sus latidos, su textura. Son compactas; no se las atraviesa, con el puño, como al humo; cada una ocupa, nítida, un lugar. Hay transparencia entre ellas. Una luz que cambia —se le dice el sol— las ilumina, cambiando, imperceptible, segundo a segundo. Es el día. A la noche, la luz se apaga. La noche es negra, uniforme, pero no es otra cosa que el día que sigue, la misma luz que se vuelve negra en virtud justamente de su continuidad. Aquí, desde luego, todo es desierto, pero no hay lugares desiertos. Nadie ha visto nunca un lugar vacío. Cuando uno lo mira, ya no está vacío —uno mismo es el que mira, la mirada, el lugar. Sin uno, no hay mirada ni tampoco lugar. El día, lento, recomienza, o sigue, más bien, con la luz que crece, de nuevo, desde las sombras que conservan, constantes, su color, su volumen, sus latidos, su textura. Hay otra vez transparencia, distancia, entre ellas. No mayor que el ojo de una aguja, es decir inconmensurable. Elisa lo interrumpe; Tomatis gira brusco la cabeza y la contempla, esperando. Antes de ayer a la siesta, comienza Elisa, sin ir más lejos, justo antes de ayer, mientras se disponía a cruzar la calle en la esquina del Mercado Central... pero, no, no, para qué, no vale la pena, dice, callándose, moviendo los hombros y la cabeza, acariciándose, distraída, absorta en sus propios pensamientos, con la yema de la mano izquierda, el hombro derecho cuya piel reluce, lisa y bronceada. Sus recuerdos, impenetrables, la tiran hacia adentro como un peso muerto, la hacen fruncir, inmovilizándose, la frente, así como los suyos a Tomatis lo obligan a balancear la cabeza, abrir la boca, fijar la vista en el vacío, desmenuzar el resto de su cigarro apagado con dedos distraídos y salvajes.

Hay, entre nosotros, formas, volúmenes, colores, movimiento y luz, transparencia y desierto.

J.J. Saer: Nadie Nada Nunca

Parecer

De esas costas vacías me quedó sobre todo la abundancia de cielo.

En ese idioma, no hay ninguna palabra que equivalga a ser o estar. La más cercana significa parecer. Como
tampoco tienen artículos, si quieren decir que hay un árbol, o que un árbol es un árbol dicen parece árbol. Pe­ro parece tiene menos el sentido de similitud que el de desconfianza. Es más un vocablo negativo que positi­vo. Implica más objeción que comparación. No es que remita a una imagen ya conocida sino que tiende, más bien, a desgastar la percepción y a restarle contunden­cia. La misma palabra que designa la apariencia, desig­na lo exterior, la mentira, los eclipses, el enemigo. El ho­rizonte circular, que me había parecido al principio indiscutible y compacto, era en realidad, tal como lo designaba el idioma de esos indios, un almacén de su­percherías y una máquina de engaños. En ese idioma, liso y rugoso se nombran de la misma manera. Tam­bién una misma palabra, con variantes de pronuncia­ción, nombra lo presente y lo ausente. Para los indios, todo parece y nada es. Y el parecer de las cosas se sitúa, sobre todo, en el campo de la inexistencia. La playa abierta, el día transparente, el verde fresco de los árbo­les en primavera, las nutrias de piel tibia y palpitante, la arena amarilla, los peces de escamas doradas, la lu­na, el sol, el aire y las estrellas, los utensilios que arran­caban, con paciencia y habilidad, a la materia reticen­te, todo eso que se presenta, nítido, a los sentidos, era para ellos informe, indistinto y pegajoso en el reverso contra el que se agolpaba la oscuridad.

J.J. Saer: El entenado

Aspirinas

19 de enero de 1938,

¿Porque el verdaderamente enamorado desea la continuidad, la vitalidad (lifelongness) de las relaciones? Porque la vida es dolor y el amor gozado es un anestèsico, ¿y quién querría despertarse a media operación?

C. Pavese, El oficio de vivir

Pasado

"Candela en mano, fui a la cocina abandonada.
Encendí fuego. Busque mi pavita y preparé mate.
Lo sorbí despacio, sentado en una banqueta ante la puerta de la cocina.
Era la hora secreta del cielo: cuando más refulge porque los seres humanos duermen y ninguno lo mira.
Tan despejado como el universo celeste estaba yo.
Pensé en Marta, sin pena.
El pasado era un cuadernillo de notas que se me extravió."

A. Di Benedetto: Zama