sábado, 23 de enero de 2010

Atomos

Todo es lenguaje: mundo y lenguaje son indisolubles y no podemos establecer una distinción entre ambos. La impresión de un acontecimiento al cual nadie asistió se relaciona con las novelas policiales, y no quería eso. En realidad, en Glosa hay una vertiente opuesta a esa corriente que dice que nadie sabe cómo son los acontecimientos. Porque muchas veces tenemos certidumbre sobre hechos con los que nunca hemos tenido un contacto empírico. No lo digo como una condena, sino como una comprobación cotidiana: hay una verdad imaginaria construida que tiene tanto valor como una relación empírica con todo eso. Dicho de otra manera, la relación empírica no tiene más valor que una construcción imaginaria.

En el arte lo importante no son los conceptos sino las formas. Uno puede tener los conceptos más revolucionarios sobre la praxis artística o sobre lo que hay que hacer, pero si eso no se vuelve concreto en una forma específica, nueva, autónoma, verosímil, comprensible y que produzca, además, emociones estéticas, no es arte. Son simples conceptos filosóficos o consignas. No importan las teorías sino las realizaciones formales. Las teorías tienen que deducirse de las obras acabadas y no inyectarse a priori en el proyecto narrativo.

La percepción de la obra de arte tiene que ser inmediata. Hay una frase magnífica de Borges en sus Textos cautivos. Hace un comentario en El Hogar sobre ¡Absalón, Absalón!, de Faulkner, y dice: "No sabemos lo que pasa, pero sabemos que lo que pasa es terrible!". Durante una lectura experimentamos emociones, y ahí está el valor artístico.

J.J. Saer

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